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La Biblia Leída
para Todos
Antiguo Testamento/1 Samuel/ Capítulo 5

Capítulo 5 de 31

05 1 Samuel

El arca humilla a Dagón

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Reina-Valera 1909

Pulsa un versículo para escucharlo desde ese punto.

1Y los Filisteos, tomada el arca de Dios, la trajeron desde Eben-ezer a Asdod.2Y tomaron los Filisteos el arca de Dios, y la metieron en la casa de Dagón, y la pusieron junto a Dagón.3Y el siguiente día los de Asdod se levantaron de mañana, y he aquí Dagón postrado en tierra delante del arca de Jehová: y tomaron a Dagón, y lo volvieron a su lugar.4Y tornándose a levantar de mañana el siguiente día, he aquí que Dagón había caído postrado en tierra delante del arca de Jehová; y la cabeza de Dagón y las dos palmas de sus manos estaban cortadas sobre el umbral, habiéndole quedado a Dagón el tronco solamente.5Por esta causa los sacerdotes de Dagón, y todos los que en el templo de Dagón entran, no pisan el umbral de Dagón en Asdod, hasta hoy.6Empero se agravó la mano de Jehová sobre los de Asdod, y los destruyó, e los hirió con hemorroides en Asdod y en todos sus términos.7Y viendo esto los de Asdod, dijeron: No quede con nosotros el arca del Dios de Israel, porque su mano es dura sobre nosotros, y sobre nuestro dios Dagón.8Enviaron pues a juntar a sí todos los príncipes de los Filisteos, y dijeron: ¿Qué haremos del arca del Dios de Israel? Y ellos respondieron: Pásese el arca del Dios de Israel a Gath. Y pasaron allá el arca del Dios de Israel.9Y aconteció que como la hubieron pasado, la mano de Jehová fue contra la ciudad con grande quebrantamiento; e hirió los hombres de aquella ciudad desde el chico hasta el grande, que se llenaron de hemorroides.10Entonces enviaron el arca de Dios a Ecrón. Y como el arca de Dios vino a Ecrón, los Ecronitas dieron voces diciendo: Han pasado a mí el arca del Dios de Israel por matarme a mí y a mi pueblo.11Y enviaron a juntar todos los príncipes de los Filisteos, diciendo: Despachad el arca del Dios de Israel, y tórnese a su lugar, y no mate a mí ni a mi pueblo: porque había quebrantamiento de muerte en toda la ciudad, y la mano de Dios se había allí agravado.12Y los que no morían, eran heridos de hemorroides; y el clamor de la ciudad subía al cielo.