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Nuevo Testamento/Mateo/ Capítulo 21

Capítulo 21 de 28

21 Mateo

Entrada triunfal en Jerusalén

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Reina-Valera 1909

Texto íntegro con ortografía actual.

1Y como se acercaron a Jerusalem, y vinieron a Bethfagé, al monte de las Olivas, entonces Jesús envió dos discípulos,

2Diciéndoles: Id a la aldea que está delante de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella: desatadla, y traédmelos.

3Y si alguno os dijere algo, decid: El Señor los ha menester. Y luego los dejará.

4Y todo esto fue hecho, para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta, que dijo:

5Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre una asna, y sobre un pollino, hijo de animal de yugo.

6Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó;

7Y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y se sentó sobre ellos.

8Y la compañía, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino: y otros cortaban ramos de los árboles, y los tendían por el camino.

9Y las gentes que iban delante, y las que iban detrás, aclamaban diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!

10Y entrando él en Jerusalem, toda la ciudad se alborotó, diciendo: ¿Quién es este?

11Y las gentes decían: Este es Jesús, el profeta, de Nazaret de Galilea.

12Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera todos los que vendían y compraban en el templo, y trastornó las mesas de los cambiadores, y las sillas de los que vendían palomas;

13Y les dice: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros cueva de ladrones la habéis hecho.

14Entonces vinieron a él ciegos y cojos en el templo, y los sanó.

15Mas los príncipes de los sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! se indignaron,

16Y le dijeron: ¿Oyes lo que estos dicen? Y Jesús les dice: Sí: ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?

17Y dejándolos, se salió fuera de la ciudad, a Bethania; y posó allí.

18Y por la mañana volviendo a la ciudad, tuvo hambre.

19Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca más para siempre nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera.

20Y viendo esto los discípulos, maravillados decían: ¿Cómo se secó luego la higuera?

21Y respondiendo Jesús les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no solo haréis esto de la higuera: mas si a este monte dijereis: Quítate y échate en la mar, será hecho.

22Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.

23Y como vino al templo, se llegaron a él cuando estaba enseñando, los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo, diciendo: ¿Con qué autoridad haces esto? ¿y quién te dio esta autoridad?

24Y respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os preguntaré una palabra, la cual si me dijereis, también yo os diré con qué autoridad hago esto.

25El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿del cielo, o de los hombres? Ellos entonces pensaron entre sí, diciendo: Si dijéremos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué pues no le creísteis?

26Y si dijéremos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta.

27Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Ni yo os digo con qué autoridad hago esto.

28Mas, ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y llegando al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña.

29Y respondiendo él, dijo: No quiero; mas después, arrepentido, fue.

30Y llegando al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Yo, señor, voy. Y no fue.

31¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dicen ellos: El primero. Les dice Jesús: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras os van delante al reino de Dios.

32Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; y los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.

33Oíd otra parábola: Fue un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña; y la cercó de vallado, y cavó en ella un lagar, y edificó una torre, y la dio a renta a labradores, y se partió lejos.

34Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos.

35Mas los labradores, tomando a los siervos, al uno hirieron, y al otro mataron, y al otro apedrearon.

36Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera.

37Y a la postre les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo.

38Mas los labradores, viendo al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y tomemos su heredad.

39Y tomado, le echaron fuera de la viña, y le mataron.

40Pues cuando viniere el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?

41Le dicen: a los malos destruirá miserablemente, y su viña dará a renta a otros labradores, que le paguen el fruto a sus tiempos.

42Les dice Jesús: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los que edificaban, esta fue hecha por cabeza de esquina: por el Señor es hecho esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos?

43Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que haga los frutos de él.

44Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.

45Y oyendo los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos sus parábolas, entendieron que hablaba de ellos.

46Y buscando cómo echarle mano, temieron al pueblo; porque le tenían por profeta.